Mostrando entradas con la etiqueta SIERRA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SIERRA. Mostrar todas las entradas

Un viaje místico



La poesía esta vez me llevó lejos de Lima. La invitación a participar en el festival "Enero en la Palabra" en Cusco fue una maravillosa oportunidad para regresar a esa ciudad llena de magia de la que conservaba mis mejores recuerdos de adolescente. Volver a ella no solo era un reto sino un regalo de los dioses, las palabras de mi médico en mi cita previa al viaje fueron decisivas: "si vas a visitar mi tierra, recárgate de la energía de los Apus y deja a cambio un poco de poesía".  Varios poetas amigos fueron también seleccionados para el festival así que nos organizamos y partimos al ombligo del mundo a seguir disfrutando de la literatura. Fuimos bien recibidos. No sé cómo explicarlo, pero este viaje me permitió disfrutar de cada elemento que aparecía ante mis ojos respetando mi peculiar perspectiva de las cosas, antes no la comprendía, pero ahora mientras caminaba con mis amigos, todos amantes de la poesía como yo, la respuesta estaba en el aire.

Cada ciudad está gobernada por sus propios dioses y a Cusco la gobiernan los astros del universo: el sol y la luna, el rayo y las estrellas. Qué maravillosa sensación la de caminar sin prisa en silencio. A pesar de mis dificultades para hacer largos itinerarios pude ingeniármelas para que mis clavos no sean impedimento para el disfrute de esta ciudad llena de magia. Nuestro hospedaje en San Blas estaba en las alturas y acceder a él era una verdadera hazaña (ja, ja) pero una vez arriba la vista te dejaba sin aliento. Traté de capturar la ciudad en mis fotografías pero es una lástima que las sensaciones no puedan transmitirse en su totalidad en ellas, ni el aroma de la leña, ni la melodía de la tarde cuando la lluvia es anunciada por el color del cielo. 

Si me preguntaran la razón de lo memorable de este viaje, tendría que decir que fue la perfecta armonía entre mis dos pasiones: el turismo y la poesía. Luego de dos días de festival, dedicamos el sábado a nuestra peregrinación a Macchu Picchu. No voy a negarles que dudé por un segundo de esta nueva hazaña porque al llegar a Aguas Calientes estaba lloviendo y las muletas se tornan muy resbaladizas sobre superficies mojadas pero redoblando la concentración y teniendo mucho cuidado pude llegar a la cima de la montaña sagrada. Llegar a ella era un regalo a mí misma, una prueba o una confirmación.

Mientras estaba en las alturas recordé uno de mis poemas preferidos, se recitó solo en mi cabeza mientras admiraba la majestuosidad de la montaña, les dejo algunas fotografías para que me ayuden a contar lo que a veces no se puede decir con palabras.

"Si me dices por qué el pantano
parece infranqueable, entonces te
diré por qué pienso que
puedo atravesarlo si lo intento."
                     Marianne Moore
U.

 

















Ayacucho relámpago



Cuando Geraldine nos propuso, a Naty y a mí, acompañarla hasta Ayacucho para tramitar unos documentos universitarios, aceptamos en el acto sin importar el detalle de que la prisa de su trámite conjugado con lo apretado de nuestras agendas nos daba el margen de solo un día para disfrutar de la ciudad huamanguina. Siempre imaginé que al viajar a Ayacucho tendría tiempo no solo para recorrer sus 33 iglesias sino para hacer mi visita a las Pampas de Quinua, Vilcashuamaán y la fortaleza de Sondor, pero ya que el tiempo apremiaba me dispuse a buscar la información más relevante y planos en mano, nos fuimos a la imponente ciudad de San Juan de la Frontera de Huamanga.

Viajamos por tierra durante la noche y llegamos al amanecer. Mientras Gerald nos deja un momento para hacer sus trámites universitarios, nosotras nos vamos a conocer un poco la ciudad. Al llegar al centro histórico quedé asombrada no solo por la armonía de las casonas típicas con sus portadas de piedra y ventanas pintorescas sino por la limpieza de sus calles, me atrevo a decir que después de Trujillo es una de las ciudades más limpias que he visitado. Hay en las esquinas curiosos contenedores para clasificar, reciclar y reutilizar los desperdicios, detalle que me parece digno de replicar. La plaza mayor es realmente hermosa,  está rodeada de arquerías por sus cuatro lados y casi todas las edificaciones del entorno son verdaderas joyas de arte que datan de los siglos XVI y XVII. 




Gerald se nos une nuevamente luego de un trámite veloz (debemos recoger sus documentos por la tarde) así que nos vamos de frente al mercado por un buen desayuno. Los mercados de nuestras ciudades y pueblos en provincia son todo un descubrimiento, un caleidoscopio de colores, aromas y sabores. Luego de recobrar energías, tomamos un bus que nos lleva hasta el mirador de Acuchimay para ver la ciudad desde las alturas y la vista nos dejó por un buen rato en silencio. Estábamos nada más y nada menos que en lo alto de lo que alguna vez fue un volcán y en donde se desarrolló la Batalla de Acuchimay (1882) en la que el ejército peruano al mando del mariscal A. A. Cáceres derrotó al ejército chileno.



Luego de disfrutar del mirador y las vistas impresionantes de la ciudad y su cielo iniciamos el descenso para recorrer calles y alamedas. Somos las transeúntes más felices este lunes en la capital huamanguina, la arquitectura es armoniosa. Me llamó la atención el detalle de iglesias en miniatura colocadas en los techos de las casas (lo había aprendido en la universidad pero recién podía observarlo en persona): los colocan en los techos para alejar los malos espíritus, así como las cruces al inaugurar la casa, todo esto es parte de un ritual con sacerdotes que bendicen la construcción, padrinos que auguran buenas nuevas y muchas celebraciones. 


A pesar de que fue solo un día sería imposible detallar todo lo que visitamos y vimos pues Ayacucho es muchísimo más que sus 33 iglesias, sin embargo uno de los lugares que más nos conmovió fue visitar la Plazoleta de Santa Teresa ya que en esta zona se ejecutó a uno de los más grandes héroes ayacuchanos, Basilio Auqui, uno de los "morochucos de Cangallo" que pelearan por la independencia del Perú junto con los hermanos Pumacahua, quien tuvo que presenciar la muerte de su mujer, hijos y nietos antes de morir. Guardamos algunos minutos de silencio, agradecidas por tanta valentía y fortaleza que muchos aún no conocen.

Luego de almorzar y recoger los documentos de Gerald (así de efectivos son los trámites universitarios en Ayacucho), nos vamos a visitar uno de los lugares más recomendables: el Museo Cáceres, que funciona en una bella casona del siglo XVII y en donde se encuentra el Museo de Arte religioso Colonial y el Museo del Gran Mariscal Don Andrés Avelino Cáceres, por lo que como podrán imaginar los tesoros aquí son incontables, no obstante me quedé encantada con las piezas de imaginería popular, especialmente unos muñecos hechos con base de madera de maguey y rostros y vestimentas moldeados con una pasta de yeso y papa. Fascinantes.


Dimos una vuelta entera al centro de la ciudad para visitar todo lo que podíamos en un solo día y cuando retornamos a la Plaza Mayor ya casi estaba anocheciendo. Entramos a la Catedral y nos asombramos con sus retablos barrocos altísimos. En las cuatro esquinas de la plaza habían retablos ayacuchanos gigantes y siendo estas piezas una de las más características de la zona nos dimos un tiempo para disfrutarlos. Sus piezas están hechas con una argamasa de yeso y papa y las estructuras del cajón de madera de maguey. Generalmente son pequeñas y tienen dos niveles: el "hanan" en la parte superior es en donde van los santos patronos con ángeles y/o animalitos domésticos que los acompañan, en la parte inferior, el "hurin", van los músicos, bailarines o personajes del campo conformando escenas de la "pasión" en donde el indio también representa su sufrimiento de manera subliminal aunque también se representa la "Reunión" es decir los pasajes de vida y tareas agrícolas así como momentos de fiesta y gozo. Nos percatamos además que los kioskos donde se venden los diarios tienen forma de retablos y van pintados a la usanza de la tradición, una maravilla.



Nos queda poco tiempo. Así que compramos unos anticuchitos al vuelo y nos dirigimos al mercado de artesanías para comprar algunos souvenirs y terminamos en un lugar que no quería dejar de visitar: la Plaza del Arco o Plaza Bellido en donde hay una escultura en homenaje a María Parado de Bellido. Luego de ofrecerle el respectivo respeto a nuestra heroína nos vamos de frente a la estación. Misión cumplida, vamos de regreso a casa. Las tres perdemos la vista en el horizonte a través de la ventana del bus, nos despedimos en silencio de la histórica ciudad ayacuchana. Prometo volver.

U.